San Hipólito

Cargado originalmente por Luis Sampedro

Los alumnos de Órgano del Conservatorio Profesional de Música “Manuel Carra” tuvimos la oportunidad de asistir a un encuentro, organizado en Santander por el Conservatorio “Jesús de Monasterio”. Fue el curso pasado, en febrero de 2007 .

Esto nos permitió conocer de cerca un órgano romántico Cavaillé-Coll, situado en la iglesia de Santa Lucí­a, dónde se realizó el evento. Era para nosotros una ocasión importante de acercarnos a un órgano histórico del que sólo es posible disfrutar en el norte de España y en Francia. Pudimos interpretar a compositores como Cesar Franck o Boëllmann con registros propios para los que ellos habí­an compuesto, y descubrir la dulzura del “cor de nuit” o de su “flute harmon”.

Entre los dí­as 2 y 4 de Mayo el DECPA del Conservatorio “Manuel Carra” ha organizado unas jornadas de Encuentro de Organistas en Málaga. A dicho evento han sido invitados nuestros anfitriones de Santander y el Conservatorio Profesional de Córdoba. Estas jornadas han brindado la ocasión de conocer órganos de los siglos XVII y XVIII de los más importantes y representativos del órgano ibérico español.

Antes de continuar describiendo los detalles y pormenores del encuentro quisiera aclarar que al tratarse de órganos, podemos encontrar diferencias significativas entre distintos lugares que quisiéramos comparar. El órgano en sus orí­genes constaba de un pequeño número de tubos, cada uno con su tecla, y un generador de aire. Es además un instrumento de tecla, y por ende polifónico y de viento continuo. A partir de este embrión, tiene un desarrollo común muy supeditado en nuestra pení­nsula al principal centro de desarrollo y expansión que son los Paí­ses Bajos y Alemania. No es hasta el último tercio del siglo XVI cuando se diversifica en distintas escuelas y emprende un largo camino en solitario.

En aquel momento en la Pení­nsula coexisten tres reinos: Portugal Castilla y Aragón. El uso del órgano se generaliza antes en Cataluña y Aragón que en Castilla, por lo que la técnica se halla allí­ más desarrollada. Los grandes órganos de dos o más teclados aparecen en el Levante casi cien años antes que en el centro. El de La Seo de Barcelona es de 1459 y el de Toledo de 1543. Comenzamos por tanto el siglo XVII con una escuela catalana muy definida y una escuela castellana que inicia su proceso de desarrollo y personalización. La iglesia castellana, por cuestiones económicas o de simple utilidad, parece más interesada en un pequeño órgano portativo o positivo que en un órgano grande. Para suplir la carencia de registros con los que suele contar un órgano de mayores proporciones, se desarrolla para éstos la técnica del registro partido hasta lí­mites desconocidos en otros paí­ses. Consiste en partir el teclado, entre el do y do # del centro del teclado y de este modo cada mitad puede oponerse y dialogar entre sí­, constituyéndose cada mitad en un órgano con algunos juegos y tesituras peculiares y sin correspondencia con la otra mitad. De este positivo nace el órgano mayor castellano. Para este tipo de órgano nace una de las formas innovadoras del siglo XVII: los tientos partidos o tientos de medio registro. Se trata de la primera literatura instrumental en que se escribe para un instrumento especí­fico y de caracterí­sticas concretas. Las voces quedan contrastadas entre una voz que acompaña y otra que serí­a la melodí­a principal. Es en este momento donde la glosa deja de ser un elemento improvisativo y libre, dejado exclusivamente al interprete, a ser un elemento preciso, escrito y formal. La consecuencia más espectacular que acarrea el sistema de registros partidos será trompeterí­a de batalla, peculiaridad netamente castellana que durante el siglo XVII se expande a Portugal, Aragón y Andalucí­a. Esta trompeterí­a tiene sus orí­genes en los juegos de dulzainas y regalí­as de finales del siglo XVI. Por cuestiones prácticas estos juegos deben estar al alcance del organista ya que se desafinan con mucha facilidad y deben afinarse constantemente. De ahí­ su situación fuera de la caja. Han sido principalmente instrumentos de estas caracterí­sticas los que hemos podido disfrutar, durante estos dí­as de convivencia, órganos de otra época, como si de un viaje en el tiempo se tratara.

Los órganos de Julián de la Orden de la Catedral de Málaga han sido uno de los protagonistas del evento. Se trata de los órganos barrocos más grandes que se conservan. En su tiempo sólo fueron ligeramente superados en dimensiones por el que construyó Jorge Bosch para la catedral de Sevilla, pero éste, desgraciadamente, desapareció en el derrumbamiento de la nave lateral en 1888. Las monumentales cajas que los contienen son de José Martí­n de Aldehuela. Pertenecen al grupo de grandes ejemplares que se construyeron en el cenit de la Edad de Oro de la Organerí­a Española. Una vez visitados estos órganos, nos acercamos a Marbella a la Iglesia de la Encarnación para conocer el órgano de G. Blancafort. Se trata de uno de los pocos ejemplares junto con uno particular y el del Conservatorio “Manuel Carra”, construidos en los últimos años. Es de 1975, tiene cuatro teclados y unos setenta registros. Al tener pedalero permitió la interpretación durante la visita de parte del repertorio estudiado por los alumnos.

Concluyó nuestro primer dí­a de encuentro con un concierto a cargo de los participantes en la Iglesia de la Victoria. Se interpretaron obras de J.S.Bach, Guridi,J. Brahms y Leon Boëllmann.

En la siguiente jornada estuvimos en Antequera en el recién restaurado por Gerhard Grenzing, órgano de la Colegiata de San Sebastián. Tanto esta restauración como la del Órgano de la Iglesia de San Hipólito que visitamos en Córdoba, forman parte del programa “Andalucí­a Barroca 2007″ promovido por la Junta de Andalucí­a en la que se han recuperado un órgano de cada provincia. El órgano antequerano en cuestión fue construido por Tomás de Inés Ortega en 1803 dentro de la caja que perteneció al órgano construido por fray Francisco Alejo Muñoz en 1734. Tomás de Inés Ortega fue discí­pulo del organero Julián de la Orden. Habí­a participado en la construcción de los dos órganos que Julián de la Orden coloca en la catedral de Málaga en el periodo 1778-1783.

En Córdoba ese mismo sábado 3 de Mayo por la tarde, tuvimos la oportunidad de disponer en la Real Colegiata de San Hipólito del instrumento realizado en 1735 por Joseph Corbacho y recientemente restaurado. Hizo las delicias de los alumnos que previamente habí­an preparado sus obras para su posterior presentación al público. Un dato que llamó la atención a todos los organizadores y participantes de tal evento es que desde su inauguración no se ha realizado ningún acto cultural, pese a que se han presentado numerosos proyectos a numerosas fundaciones culturales de la ciudad.

Terminó el encuentro con otro concierto a cargo de los alumnos en el órgano de San Hipólito. Se interpretaron fundamentalmente piezas de música española antigua pertenecientes a los siglos XVI al XVIII, de Correa de Arauxo, Juan Cabanilles, Pablo Bruna Antonio de Cabezón y para finalizar la “Battaglia” del italiano Bernardo Storace, donde la trompeterí­a de fachada, con un sonido brillante y solemne, hizo mostrar la principal caracterí­stica del órgano español. Fue impresionante resurgir un sonido que ha permanecido tanto tiempo dormido y recuperarlo haciéndolo partí­cipe a todos. Dicho patrimonio acústico ha estado perenne, sin cambios.

Este tiempo de convivencia, conociendo de cerca nuestro patrimonio organí­stico, y con la cercaní­a del público en concierto, ha sido sin duda un rico y necesario complemento para la formación de todos los participantes, que han demostrado con creces que nos encontramos ante futuros grandes intérpretes y profesionales de la música en nuestro paí­s. Las grandes cualidades humanas de los participantes son dignas de realce. Esperamos poder repetir experiencias similares en próximos cursos. Reconocer también el apoyo incondicional de la directiva del Conservatorio “Manuel Carra” así­ como del apoyo de la Diputación de Málaga y de las iglesias participantes, apoyos sin los cuales este encuentro no hubiese sido una realidad.