El pasado dí­a 3 de Mayo tuvimos la oportunidad de disponer en la Real Colegiata de San Hipólito de unas actividades conjuntas con los alumnos de órgano de los conservatorios de Málaga, Santander y Córdoba. El instrumento realizado en 1735 por Joseph Corbacho y recientemente restaurado hizo las delicias de los alumnos que previamente habí­an preparado sus obras para su posterior presentación al público.

Un dato que llamó la atención a todos los organizadores y participantes es que desde su inauguración no se ha realizado ningun acto cultural , pese a que se han presentado numerosos proyectos a numerosas fundaciones culturales de la ciudad. En el mismo lugar se organizan conciertos de todo tipo de música clásica, olvidando totalmente a tan magní­fico instrumento, sin duda una verdadera pena.

La incursión de dos importantes dinastí­as de organeros dará lugar a un importantí­simo legado organí­stico, nos referimos a los LLop y a los Furriel. De los primeros podemos destacar el instrumento de la Parroquia de San Pedro por Francisco LLop en 1683, basándose en el órgano anterior pues según indican las cuentas de fábricas de dicha parroquí­a ” la música era fundamental para los oficios divinos”. De todos el más importante es el órgano del evangelio de la S.I Catedral de Córdoba realizado por Miguel LLop a finales del siglo XVII, afortunadamente aún queda la caja como testimonio de tal envergadura. De los Furriel podemos indicar que destaca Patricio que dotará a la diócesis de numerosos instrumentos tales como el de los Trinitarios calzados y San Francisco, pero su obra más importante es el órgano de la epí­stola de la S.I Catedral.

A la Iglesia debemos la práctica totalidad del repertorio organí­stico del Renacimiento,la mayorí­a del Barroco, gran parte de las obras del Romanticismo y algunas del siglo XX. Ella ha velado por la dignidad e idoniedad del repertorio organí­stico, renovando lo que se degradaba desde un punto de vista artí­stico. Si bien hoy dí­a no podemos ocultar otros extremos, esta vez lamentables y preocupantes que indican apatí­a, abandono, insensibilidad e ignorancia, incluso por parte de las personas y estamentos eclesiales más directamente responsables de tamaño patrimonio. No deberí­a de ser así­ si tenemos en cuenta las siguientes citas:

S.Pí­o XII (”Musicae Sacrae Disciplina Propio”, 1955): ” Porque todos los que, según su talento artí­stico, componen o dirigen , realizan, sin duda alguna, un verdadero y genuino apostolado de muy diversas formas, y son acreedores de los premios y honores de apóstoles, que abundantemente dará a cada uno Cristo N. S. por el fiel cumplimiento de su oficio. Tengan pues en gran estima esta su profesión, por la que no solamente son artistas y maestros de arte, sino servidores de Xto. N. S. y colaboradores suyos en el apostolado”.

Concilio Vaticano II ( Constit. “Sacrosanctum Concilium”, de Liturgia): ” Téngase en gran estima…el órgano de tubos, por el esplendor notable que aporta a las ceremonias así­ como por su virtualidad para levantar poderosamente las almas hacia Dios”.

Son numerosas las citas que hablan de la importancia del arte organí­stico en la litúrgia, pero para terminar no me gustarí­a finalizar sin contar una anécdota sucedida durante la inauguración del órgano parisino de Saint Sulpice donde el Cardenal de Parí­s señala al instrumento y le dice al párroco: ” Ese llevará más almas al cielo que tú y yo”.